testimonio en aquella ocasión nunca lo abandonó. Franks insistió en que se le vindicara por completo, pero nunca quedó satisfecho con sus vindicaciones; siempre quería más. Los propagandistas judíos han tergiversado su labor posterior como diplomático. Fue de la más ínfima categoría de mandadero, y se le confió únicamente tras las súplicas más obsequiosas. Andaba mendigando peticiones que enumeraban sus servicios y solicitaban el favor del gobierno. El hombre que afirmó en su defensa en Filadelfia que estaba deseoso de dejar el ejército y entrar en los negocios, no pudo ser persuadido de abandonar el servicio público, hasta que la asignación de 400 acres de tierra pareció apartarlo definitivamente de la vida pública. Cuál fue su final, nadie parece saberlo. Su utilidad actual, sin embargo, es proporcionar a los propagandistas judíos y projudíos un pretexto del cual colgar elogios exagerados del judío en los tiempos revolucionarios.
No puede haber objeción alguna a que los propagandistas judíos saquen el mayor partido de su material, pero existe una fuerte oposición a la política de ocultamiento y tergiversación. Estas imposiciones a la confianza pública serán expuestas tan regularmente como ocurran.
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Edición del 23 de octubre de 1921.