la capacidad del Gobierno británico —es decir, con los dos «temas de actualidad» principales en ebullición en todo el mundo—, se dieron órdenes a través de la Junta de Educación de Nueva York de que los conferenciantes debían guardar silencio.
Saltaba a la vista lo que había sucedido. El rabino Levy y quienes trabajaban con él, al haber fracasado en su ataque personal, habían logrado lo que querían por otro lado: mediante una orden dada a los conferenciantes de no hablar sobre la cuestión judía ni la irlandesa.
¿A qué viene sacar a colación a los irlandeses? Los irlandeses no protestaban contra el debate sobre la cuestión irlandesa.
Los irlandeses querían que se debatiere la cuestión irlandesa; creían que la resolución exitosa del asunto dependía de un debate amplio y libre. Está fuera del ámbito de la imaginación que los irlandeses pudiesen pedir, desear o sancionar jamás una mordaza a la discusión popular sobre los asuntos irlandeses.