tienda. Había pensado que encontraría las puertas abiertas, pero estaban cerradas, y mientras me quedaba en la amplia entrada, un carruaje se detuvo afuera y un hombre con uniforme —ya sabes el tipo de personaje con la palabra "Omnium" en la gorra— abrió la puerta de un golpe. Me apañé para entrar, y caminando por la tienda —era un departamento donde vendían cintas, guantes, medias y cosas por el estilo—, llegué a una región más espaciosa dedicada a cestas de picnic y muebles de mimbre».
“Sin embargo, no me sentía seguro allí; la gente iba y venía, y merodeé intranquilo hasta dar con una enorme sección en un piso alto que contenía multitud de armazones de cama, trepé por encima de ellos y encontré por fin un lugar de descanso entre una gran pila de colchones de lana plegados.
El sitio ya estaba iluminado y agradablemente cálido, y decidí quedarme donde estaba, vigilando con cautela a los dos o tres grupos de dependientes y clientes que deambulaban por el lugar, hasta que llegara la hora del cierre.
Entonces —pensé— podría robar en el establecimiento comida y ropa, y, disfrazado, merodear por él y examinar sus recursos, tal vez dormir en alguna de las camas. Aquel parecía un plan aceptable.
Mi idea era conseguir ropa para componer una figura abrigada pero aceptable, hacerme con dinero y luego recuperar mis libros y paquetes donde me esperaban, alquilar un alojamiento en alguna parte y elaborar planes para el completo aprovechamiento de las ventajas que mi invisibilidad me otorgaba (como aún imaginaba) sobre mis semejantes.
La hora de cierre llegó con bastante rapidez. No debió de pasar más de una hora desde que tomé posiciones sobre los colchones cuando noté que bajaban las persianas de las ventanas y que los clientes eran conducidos hacia la puerta. Y entonces varios jóvenes enérgicos