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nydus/The Invisible ManPublic
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XXIII. En Drury Lane

En Drury Lane

—Pero ahora empiezas a darte cuenta —dijo el hombre invisible— de toda la desventaja de mi condición. No tenía refugio —ni abrigo—, conseguir ropa era renunciar a toda mi ventaja, volverme una cosa extraña y terrible. Ayunaba; pues comer, llenarme de materia no asimilada, habría significado volver a hacerme grotescamente visible.

—Nunca había pensado en eso —dijo Kemp.

“Ni yo tampoco. Y la nieve me había advertido de otros peligros. No podía salir a la calle con nieve; se posaría sobre mí y me delataría. La lluvia, también, haría de mí un contorno acuoso, la superficie brillante de un hombre: una burbuja. Y la niebla; sería como una burbuja más tenue en la niebla, una superficie, un brillo grasiento de humanidad. Además, al salir a la calle —con el aire de Londres—, acumulaba suciedad alrededor de los tobillos, carbonilla flotante y polvo sobre mi piel. No sabía cuánto tiempo pasaría antes de que me volviera visible también por esa razón. Pero vi claramente que no podía ser por mucho tiempo.

“En Londres desde luego que no.

«Me adentré en los barrios bajos hacia Great Portland Street, y me encontré al final de la calle en la que me había hospedado. No fui por allí, debido a la multitud a mitad de la misma, enfrente de las ruinas aún humeantes de la casa a la que había prendido fuego. Mi problema más inmediato era conseguir ropa. Qué hacer con mi rostro me desconcertaba. Entonces vi en una de esas tiendecitas de miscelánea —prensa, dulces, juguetes, papelería, baratijas navideñas de saldo y cosas por el estilo— una hilera de máscaras y narices. Comprendí que ese

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