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nydus/The Invisible ManPublic
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XXVI. El asesinato de Wicksteed

arrancada de un trozo de cerca rota. Detuvo a aquel hombre tranquilo, que caminaba tranquilamente hacia su comida del mediodía, lo atacó, derribó sus débiles defensas, le rompió el brazo, lo derribó y le destrozó la cabeza hasta dejarla hecha papilla.

Por supuesto, debió de haber arrancado esta vara de la cerca antes de encontrarse con su víctima; debía de llevarla lista en la mano. Solo dos detalles, además de los ya mencionados, parecen guardar relación con el asunto. Uno es la circunstancia de que la gravera no estaba en el camino directo a casa del señor Wicksteed, sino a casi doscientos metros de su ruta habitual. El otro es la afirmación de una niña pequeña en el sentido de que, al ir a su escuela por la tarde, vio al hombre asesinado «trotando» de una manera peculiar por un campo hacia la gravera. Su pantomima de la acción de él sugiere a un hombre persiguiendo algo en el suelo frente a él y golpeándolo una y otra vez con su bastón. Fue la última persona en verle con vida. Él desapareció de su vista rumbo a su muerte, y la lucha quedó oculta a sus ojos únicamente por un grupo de hayas y una ligera depresión en el terreno.

Ahora esto, al menos para el presente escritor, saca el asesinato del reino de la pura desvergüenza.

Podemos imaginar que Griffin había tomado la varra en verdad como un arma, pero sin ninguna intención deliberada de usarla para asesinar. Wicksteed pudo haber pasado entonces y notado esta varra moviéndose inexplicablemente por el aire. Sin pensar en el hombre invisible —pues Port Burdock está a diez millas de distancia— pudo haberla perseguido.

Es muy concebible que ni siquiera hubiera oído hablar del hombre invisible. Uno puede imaginarse entonces al hombre invisible huyendo —silenciosamente para evitar descubrir su presencia en el vecindario— y a Wicksteed, emocionado y curioso, persiguiendo este objeto inexplicablemente rodante —para finalmente golpearlo—.

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