esconderse después de comer. Deben seguir golpeando. Cada matorral, cada rincón tranquilo. Y guarden todas las armas —todos los aperos que puedan servir de armas—. No puede cargar con esas cosas por mucho tiempo. Y lo que pueda arrebatar y usar para golpear a los hombres debe ser escondido.
—¡Bien otra vez —dijo Adye—. ¡Ya lo atraparemos!
—Y en los caminos —dijo Kemp, y vaciló.
—¿Sí? —dijo Adye.
—Vidrio molido —dijo Kemp—. Es cruel, lo sé. ¡Pero piensa en lo que él puede hacer!
Adye inspiró fuertemente el aire entre los dientes.
“Es poco deportivo. No lo sé. Pero haré que preparen vidrio molido. Si va demasiado lejos... ”
—El hombre se ha vuelto inhumano, te lo digo yo —dijo Kemp—. Estoy tan seguro de que establecerá un reino de terror, en cuanto se haya recuperado de las emociones de esta fuga, como de que te estoy hablando. Nuestra única oportunidad es adelantarnos. Se ha apartado de los de su especie. Que su sangre caiga sobre su propia cabeza.