comenzaron con notable presteza a ordenar la mercancía que había quedado revuelta. Salí de mi guarida a medida que la multitud disminuía y avancé con cautela hacia las zonas menos desiertas de la tienda. Me sorprendió de verdad observar con qué rapidez los jóvenes y las mujeres retiraban las mercancías expuestas para la venta durante el día. Todas las cajas de productos, las telas colgadas, los festones de encaje, las cajas de caramelos de la sección de ultramarinos, las exhibiciones de esto y aquello, eran retiradas de un golpe, dobladas, arrojadas a recipientes ordenados, y a todo lo que no se podía descolgar y guardar se le echaban por encima sábanas de algún material basto parecido al saco. Finalmente, todas las sillas fueron colocadas boca abajo sobre los mostradores, dejando el suelo despejado. En cuanto cada uno de estos jóvenes terminaba, se dirigía sin demora hacia la puerta con una expresión de animación que pocas veces antes había visto en un dependiente. Luego llegó un grupo de muchachos esparciendo serrín y cargando cubos y escobas. Tuve que esquivarlos para apartarme y, aun así, el serrín me picó en un tobillo. Durante un rato, vagando por los departamentos envueltos en sábanas y oscurecidos, pude oír las escobas en acción. Y por fin, una buena hora o más después de que la tienda hubiera cerrado, llegó el ruido de puertas al cerrarse con llave. El silencio se adueñó del lugar, y me encontré vagando a solas por los vastos y laberínticos establecimientos, galerías y salas de exposición. Reinaba una gran quietud; en un momento dado recuerdo haber pasado cerca de una de las entradas de Tottenham Court Road y haber escuchado el repiqueteo de los tacones de los transeúntes.
“Mi primera visita fue al lugar donde había visto medias y guantes a la venta. Estaba oscuro, y me costó Dios y ayuda encontrar cerillas, que al fin hallé en el cajón de la pequeña caja registradora. Luego tuve que conseguir una vela. Tuve que romper envoltorios y rebuscar en una serie de cajas y cajones, pero al fin logré dar con lo que buscaba; la etiqueta de la caja los denominaba calzoncillos de lana de cordero y camisetas de lana de cordero.