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nydus/The Invisible ManPublic
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XXVIII. El cazador cazado

El cazador cazado

El señor Heelas, el vecino más próximo del señor Kemp entre los propietarios de los chalets, estaba durmiendo en su cenador cuando comenzó el asedio a la casa de Kemp.

El señor Heelas era uno de los irductibles que se negaban a creer «en toda esta tontería» sobre un hombre invisible. Su esposa, sin embargo, como se le recordaría más tarde, sí creía. Él se empeñaba en pasearse por su jardín como si no pasara nada, y se iba a dormir por la tarde de acuerdo con la costumbre de muchos años.

Durmió mientras rompían las ventanas y luego se despertó de repente con la extraña sensación de que algo iba mal. Miró hacia la casa de Kemp, se frotó los ojos y volvió a mirar. Luego puso los pies en el suelo y se sentó a escuchar. Dijo que maldita sea su estampa, pero aun así aquella extraña cosa era visible.

La casa parecía haber estado abandonada durante semanas⁠—tras un violento disturbio. Todas las ventanas estaban rotas y todas, salvo las del estudio del mirador, estaban cegadas por los contraventanas interiores.

—Juraría que estaba bien —miró su reloj— hace veinte minutos.

Cobró conciencia de un golpeteo rítmico y del tintineo de cristales, muy a lo lejos. Y entonces, mientras estaba sentado con la boca abierta, ocurrió algo aún más maravilloso. Los contraventanas de la ventana del salón se abrieron de par en par con violencia, y la criada, con su sombrero y su ropa de calle, apareció

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