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nydus/The Invisible ManPublic
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XXIII. En Drury Lane

—No —dijo el hombre invisible—. Ni he oído qué fue de él. Supongo que se desató o logró salir a patadas. Los nudos estaban bastante apretados.

Enmudeció, se acercó a la ventana y se quedó mirando hacia afuera.

—¿Qué pasó cuando saliste a la playa?

“¡Oh!⁠—Otra vez la desilusión. Creía que mis penas habían terminado. Prácticamente creía que tenía impunidad para hacer lo que quisiera, todo⁠—salvo revelar mi secreto. Eso creía. Hiciera lo que hiciese, cualesquiera que fuesen las consecuencias, me daba igual. Bastaba con quitarme la ropa y desvanecerme. Nadie podía retenerme. Podía coger mi dinero donde lo encontrara. Decidí darme un banquete suntuoso, hospedarme en un buen hotel y hacerme con un nuevo equipo de pertenencias. Me sentía increíblemente seguro; no es nada agradable recordar que fui un imbécil. Entré en un sitio y ya estaba pidiendo el almuerzo, cuando se me ocurrió que no podía comer sin dejar al descubierto mi rostro invisible. Terminé de pedir el almuerzo, le dije al camarero que volvería en diez minutos y salí exasperado. No sé si alguna vez se ha visto decepcionado en su apetito”.

—No tan mal —dijo Kemp—, pero puedo imaginarlo.

—Habría podido aplastar a esos tontos del demonio. Al fin, desfallecido por el deseo de una comida con buen gusto, entré en otro establecimiento y exigí un reservado. «Estoy desfigurado —dije—. Gravemente». Me miraron con curiosidad, pero por supuesto no era asunto suyo; y así al fin conseguí almorzar. No fue particularmente bien servido, pero bastó; y cuando hube terminado, me quedé fumando un puro, intentando planificar mi línea de acción. Y afuera empezaba a nevar.

“Cuanto más lo pensaba, Kemp, más me daba cuenta de lo absurdo e indefenso que era un hombre invisible en un clima frío y sucio y en una

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