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nydus/The Invisible ManPublic
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La visita del señor Marvel a Iping

Pronto el desconocido se levantó abruptamente y se guardó la pipa en el bolsillo. Luego desapareció en el patio. De inmediato el señor Huxter, imaginando que era testigo de algún hurto menor, saltó por encima del mostrador y salió corriendo a la carretera para interceptar al ladrón. Al hacerlo, el señor Marvel reapareció con el sombrero ladeado, un gran atillo envuelto en un mantel azul en una mano y tres libros atados —según se comprobó después con los tirantes del vicario— en la otra. En cuanto vio a Huxter soltó una especie de jadeo y, girando bruscamente a la izquierda, se puso a correr. —¡Al ladrón! —gritó Huxter, y salió en su persecución. Las sensaciones del señor Huxter fueron vívidas pero breves. Vio al hombre justo delante de él, que esprintaba con energía hacia la esquina de la iglesia y la carretera de la colina. Vio las banderas y las festividades del pueblo al fondo, y uno que otro rostro vuelto hacia él. Volvió a berrear: —¡Alto! apenas había dado diez zancadas cuando su espinilla quedó atrapada de un modo misterioso, y ya no corría, sino que volaba con inconcebible rapidez por los aire. Vio el suelo acercarse de repente a su rostro. El mundo pareció estallar en un millón de chispas de luz giratorias, y los acontecimientos posteriores dejaron de interesarle.

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