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nydus/The Invisible ManPublic
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VII. La presentación del desconocido

De inmediato todo el mundo por la calle, el vendedor de caramelos, el feriante del tiro al coco y su ayudante, el del columpio, niños y niñas, petimetres rurales, mozas lozana, ancianos con blusón y gitanas con delantal⁠— comenzaron a correr hacia la posada, y en un espacio de tiempo milagrosamente corto una multitud de quizás cuarenta personas, que aumentaba rápidamente, se agitando y abucheaba y preguntaba y exclamaba y sugería frente al establecimiento de la señora Hall. Todo el mundo parecía con ganas de hablar al mismo tiempo, y el resultado fue una torre de Babel. Un pequeño grupo apoyaba a la señora Hall, que había sido recogida en un estado de colapso. Hubo una conferencia y el testimonio increíble de un testigo ocular vociferante. «¡Ay, Dios!» «¿Qué es lo que ha estado haciendo, pues?» «No le habrá hecho daño a la chica, ¿o sí?» «Se le fue encima con un cuchillo, eso creo». «Sin cabeza, te lo digo. No lo digo por decir. ¡Digo un hómbre sin cábeza!» «¡Tonterías! Es algún truco de magia». «Se quitó el envoltorio, eso hizo⁠—»

En su esfuerzo por mirar hacia el interior a través de la puerta abierta, la multitud adoptó la forma de una cuña desparramada, con el vértice más audaz más cerca de la posada.

«Se quedó un momento, oí gritar a la muchacha y se dio la vuelta. Vi agitarse sus faldas y él fue tras ella. No le llevó diez segundos. Vuelve con un cuchillo en la mano y una hogaza; se quedó quieto como si estuviera mirándome fijo. Hace ni un momento. Entró por esa bendita puerta. Se lo digo yo, no tiene cabeza en absoluto. Por poco lo pierde usted...»

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