género humano, en su progenitor, sobre el cual recae desde entonces una maldición («Adán», «pecado original», «determinación de la voluntad»), o en la Naturaleza, de cuyo vientre surge el hombre y sobre la cual se arroja ahora la responsabilidad del principio del mal («diabolización de la Naturaleza»), o en la existencia en general, un auténtico elefante blanco según esta lógica, con el que la humanidad se carga (la huida nihilista de la vida, la exigencia de la Nada, o de lo opuesto a la existencia, de alguna otra existencia, el budismo y cosas semejantes)—hasta que de repente nos encontramos ante ese recurso paradoxal y terrible, mediante el cual una humanidad torturada ha encontrado un alivio temporal, esa genialidad llamada cristianismo:—¡Dios sacrificándose personalmente por la deuda del hombre, Dios pagándose a sí mismo en persona con una libra de su propia carne, Dios como el único ser capaz de liberar al hombre de aquello de lo que el hombre ya era incapaz de liberarse—el acreedor haciendo de chivo expiatorio por su deudor, por amor (¿puedes creerlo?), ¡por amor a su deudor! …
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