hacia los filósofos más antiguos y los más modernos: todos ellos no se percatan de la magnitud de la necesidad de justificación por parte de la voluntad de verdad —aquí hay un vacío en toda filosofía—, ¿a qué se debe? A que hasta el presente el ideal ascético ha dominado toda filosofía, a que la verdad fue fijada como el ser, como Dios, como el supremo tribunal de apelación, a que no se le permitió a la verdad ser un problema. ¿Entendéis este «permitido»? A partir del minuto en que se repudia la creencia en el Dios del ideal ascético, existe un nuevo problema: el problema del valor de la verdad. La voluntad de verdad necesitaba una crítica —definamos con estas palabras nuestra propia tarea— el valor de la verdad debe ser puesto en entredicho provisionalmente... (Si esto parece expresado con demasiada concisión, recomiendo al lector leer de nuevo aquel pasaje de la Gaya ciencia que lleva por título «Hasta qué punto también nosotros somos todavía piadosos», aforismo 344, y sobre todo todo el quinto libro de esa obra, así como el Prefacio de Aurora).
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