aplauso al oír la historia de todos esos resueltos que un día dijeron un no a toda servidumbre y se marcharon a algún desierto; aun concediendo que solo fueran asnos fuertes, y el absoluto opuesto de mentes fuertes.
¿Qué significa, pues, el ideal ascético en un filósofo? Esta es mi respuesta —hace mucho que se habrá adivinado—: cuando ve este ideal, el filósofo sonríe porque ve en él un óptimo de las condiciones de la más alta y audaz intelectualidad; no niega con ello la «existencia», antes bien afirma con ello su existencia y solo su existencia, y esto tal vez hasta el punto de no estar lejos del deseo blasfemo: pereat mundus, fiat philosophia, fiat philosophus, fiam!