simplemente quiso que fuera de otro modo; tal como estaba, no le parecía suficientemente germano. Él mismo deseaba hablar directamente, hablar personalmente, hablar «sin rodeos» con su Dios. Bien, ya lo ha hecho. El ideal ascético, habréis adivinado, no fue en ningún tiempo ni en ningún lugar una escuela de buen gusto, y menos aún de buenos modales— en el mejor de los casos fue una escuela de modales sacerdotales: es decir, contiene en sí algo que era enemigo mortal de todos los buenos modales. La falta de mesura, la oposición a la medida, es en sí misma un «non plus ultra».
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