hombre hasta el presente, al menos del hombre que ha sido domesticado, la lucha fisiológica del hombre con la muerte (más exactamente, con el asco a la vida, con el agotamiento, con el deseo del «fin»). El sacerdote asceta es el deseo encarnado de una existencia de otra clase, de una existencia en otro plano —él es, de hecho, el punto culminante de este deseo, su éxtasis y su pasión oficiales—; pero es el poder mismo de este deseo lo que constituye la cadena que lo ata aquí; es precisamente eso lo que lo convierte en un instrumento que debe trabajar para crear condiciones más favorables para la existencia terrena, para la existencia en el plano humano —con este poder mismo es con el que mantiene firmemente sujeta a la existencia a toda la manada de fracasados, deformes, abortos, desgraciados, enfermos de sí mismos de toda especie, mientras que él, como pastor, marcha instintivamente al frente—. Ya me comprendéis: este sacerdote asceta, este aparente enemigo de la vida, este negador—pertenece en realidad a las fuerzas verdaderamente grandes, conservadoras y afirmativas de la vida.
¿De dónde procede este estado enfermizo? Pues el hombre está más enfermo, es más inseguro, más mudable, más inestable que ningún otro animal, no hay duda de ello; él es el animal enfermo: ¿de qué brota? Ciertamente él también ha osado, innovado, desafiado con más valor, retado al destino más que todos los demás animales juntos; él, el gran experimentador consigo mismo, el insatisfecho, el insaciable, que lucha por la soberanía suprema con la bestia, la Naturaleza y los dioses, él, el todavía siempre no constreñido, el siempre futuro, que no halla ya ningún reposo a causa de su propia fuerza agresiva, acuciado inexorablemente por el espue, lo del futuro clavado en la carne del presente:—¿cómo no iba a ser un animal tan valiente y rico también el más en peligro, el animal con la más larga y honda dolencia entre todos los animales enfermos? …
El hombre está harto de ello, a menudo se dan epidemias enteras de esta saciedad (como hacia 1348, en la época de la Danza de la Muerte): pero