¿Cuál es, pues, el significado de los ideales ascéticos? En el caso de un artista empezamos a comprender su significado: ¡nada en absoluto!... o tanto que viene a ser como nada en absoluto. En efecto, ¿de qué sirven? Nuestros artistas hace ya mucho tiempo que no adoptan una actitud suficientemente independiente, ni ante el mundo ni frente a él, como para que sus valoraciones y los cambios de estas despierten interés. En todo tiempo han hecho de ayudas de cámara de alguna moral, filosofía o religión, prescindiendo del hecho de que, por desgracia, han sido a menudo los cortesanos excesivamente flexibles de sus clientes y mecenas, y los curiosos aduladores de los poderes existentes, o incluso de los nuevos poderes por venir. Dicho de manera más modesta, siempre necesitan un baluarte, un apoyo, una autoridad ya constituida: los artistas nunca se sostienen por sí mismos; sostenerse a solas va en contra de sus instintos más profundos.
Así, por ejemplo, ¿tomó Richard Wagner, «cuando había llegado el momento», al filósofo Schopenhauer como su hombre de cobertura al frente, como su baluarte? ¿Quién consideraría siquiera pensable que hubiera tenido el valor para un ideal ascético, sin el apoyo que le brindaba la filosofía de Schopenhauer, sin la autoridad de Schopenhauer, que dominaba Europa en los años setenta?
(Esto sin tomar en cuenta la cuestión de si un artista sin la leche de una ortodoxia habría sido posible en absoluto.)
Esto nos lleva a la cuestión más seria: ¿Cuál es el significado de que un verdadero filósofo rinda homenaje al ideal ascético, un intelecto verdaderamente autosuficiente como Schopenhauer, un hombre y caballero con una mirada de bronce, que tiene el valor de ser él mismo, que sabe estar solo sin esperar primero a los hombres que lo cubren por delante y a las venias de sus superiores?