“En la Gare de Lyon, Ada Mason compra una cesta de comida y, encerrándose en el compartimento del retrete, se cambia rápidamente con la ropa de su señora, se coloca dos postizos de rizos cobrizos y, en general, se maquilla para parecerse a ella lo más posible.
Cuando el revisor va a preparar la cama, le cuenta la historia preparada sobre haber dejado a su doncella en París; y mientras él hace la litera, ella se queda mirando por la ventana, de modo que su espalda queda hacia el pasillo y hacia las personas que pasan por allí.
Esa fue una precaución sabia, porque, como sabemos, la señorita Grey era una de las que pasaban, y ella, entre otros, estaba dispuesta a jurar que la señora Kettering todavía estaba viva a esa hora”.
—Continúe —dijo Van Aldin.
“Antes de llegar a Lyon, Ada Mason dispuso el cuerpo de su ama en la litera, dobló ordenadamente la ropa de la difunta a los pies de esta, se cambió ella misma con ropa de hombre y se dispuso a abandonar el tren. Cuando Derek Kettering entró en el compartimento de su esposa y, según creyó, la vio dormida en su litera, la escena ya estaba montada, y Ada Mason se hallaba oculta en el compartimento contiguo, a la espera del momento de abandonar el tren sin ser vista. Tan pronto como el revisor saltó al andén en Lyon, ella lo sigue, caminando con desgana como si solo fuera a tomar un poco de aire. En un momento en que nadie la observa, cruza apresuradamente al otro andén y toma el primer tren de regreso a París y al Hotel Ritz. Su nombre ha sido registrado allí como si hubiera tomado una habitación la noche anterior por mediación de una de las cómplices de Knighton. No tiene más que esperar allí plácidamente su llegada.