Codal
nydus/The Mystery of the Blue TrainPublic
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“Si he impedido que alguien hiciera el ridículo, supongo que he hecho una buena obra”, pensó para sus adentros. “Pero ¿quién sabe? Esa es la clase de mujer tozuda y egoísta toda su vida, y tal vez le venga bien hacer lo contrario por variar. En fin⁠—supongo que no la volveré a ver nunca. Desde luego, ella no querrá volver a verme. Eso es lo peor de dejar que la gente te cuente cosas. Nunca lo hacen”.

Esperaba que no le tocara el mismo sitio en la cena. Pensó, no sin cierta ironía, que aquello podría resultar incómodo para ambos.

Reclinada hacia atrás con la cabeza apoyada en un cojín, se sentía cansada y vagamente deprimida. Habían llegado a París, y el lento recorrido por la ceinture, con sus interminables paradas y esperas, era muy pesado.

Cuando llegaron a la Gare de Lyon, le alegró bajar y caminar de un lado a otro del andén. El aire fresco y gélido resultaba revigorizante después del tren con calefacción. Observó con una sonrisa que su compañera del abrigo de marta estaba resolviendo a su manera la posible incomodidad del problema de la cena. Una doncella le entregaba una cesta de comida por la ventanilla, que ella recogía.

Cuando el tren se puso en marcha una vez más, y se anunció la cena con un violento repique de campanas, Katherine se dirigió hacia el vagón con el espíritu muy aliviado. Su compañero de enfrente de esta noche era de una laya completamente distinta: un hombre bajito, de aspecto netamente extranjero, con un bigote rígidamente engominado y una cabeza en forma de huevo que llevaba más bien inclinada hacia un lado. Katherine se había llevado un libro a la cena. Descubrió que los ojos del hombrecito estaban fijos en él con una especie de divertida picardía.

—Ya veo, Madame, que tiene usted un roman policier.* ¿Le gustan esas cosas?

—Me divierten —admitió Katherine.

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