«la exprimiré hasta que se oigan chirriar las pepitas»; su política consistía en quedarse con hasta el último trozo de propiedad perteneciente a los alemanes en los países neutrales y aliados, y todo su oro y su plata y sus joyas, y el contenido de sus galerías de cuadros y bibliotecas, para vender lo obtenido en beneficio de los Aliados. «Despojaría a Alemania», gritó, «como ella ha despojado a
Para el 11 de diciembre, el primer ministro había capitulado. Su Manifiesto Final de Seis Puntos publicado ese día para el electorado ofrece una comparación melancólica con su programa de tres semanas antes. Lo citó íntegro:
" 1. Juicio al Káiser. 2. Castigo de los responsables de las atrocidades. 3. Indemnizaciones más amplias por parte de Alemania. 4. Gran Bretaña para los británicos, social e industrialmente. 5. Rehabilitación de los quebrantados por la guerra. 6. Un país más feliz para todos."
He ahí pasto para el cínico. A este brebaje de codicia y sentimentalismo, prejuicio y engaño, habían reducido tres semanas de tribuna a los poderosos gobernantes de Inglaterra, quienes poco antes habían hablado con no poca nobleza sobre el Desarme y una Sociedad de Naciones, y sobre una paz justa y duradera que estableciera los cimientos de una nueva Europa.
En la misma noche, el primer ministro en Bristol retiró efectivamente sus reservas anteriores y estableció cuatro principios para regir su política de indemnización, de los cuales los principales eran:
- Primero, tenemos el derecho absoluto de exigir el coste total de la guerra;
- segundo, nos proponemos exigir el coste total de la guerra; y
- tercero, un comité designado bajo la dirección del Gabinete cree que se puede hacer.99
Cuatro días después acudió a las urnas.