prestadas no son indebidamente grandes en relación con aquellas que todavía se espera pedir prestadas. Los banqueros están acostumbrados a este sistema y creen que es una parte necesaria del orden permanente de la sociedad. Están dispuestos a creer, por lo tanto, por analogía con él, que un sistema comparable entre Gobiernos, a una escala mucho mayor y definitivamente opresiva, no representado por activos reales y menos estrechamente asociado con el sistema de propiedad, es natural, razonable y conforme a la naturaleza humana.
Dudo de esta visión del mundo. Incluso el capitalismo nacional, que suscita muchas simpatías locales, que desempeña un papel real en el proceso diario de producción y de cuya seguridad depende en gran medida la organización actual de la sociedad, no está muy a salvo.
Pero sea como fuere, ¿estarán dispuestas las poblaciones descontentas de Europa a ordenar sus vidas durante una generación de tal modo que una parte apreciable de su producción diaria pueda destinarse a satisfacer un pago extranjero, cuya razón de ser, ya sea entre Europa y América, o entre Alemania y el resto de Europa, no brota de manera imperativa de su sentido de la justicia o del deber?