En resumen, la pretensión de Europa sobre los recursos del Nuevo Mundo se estaba volviendo precaria; la ley de los rendimientos decrecientes volvía por fin a manifestarse y hacía necesario año con año que Europa ofreciera una mayor cantidad de otros productos para obtener la misma cantidad de pan; y Europa, por lo tanto, no podía permitirse en modo alguno la desorganización de ninguna de sus principales fuentes de suministro.
Mucho más podría decirse en un intento de retratar las peculiaridades económicas de la Europa de 1914. He seleccionado para destacar los tres o cuatro factores principales de inestabilidad: la inestabilidad de una población excesiva dependiente para su subsistencia de una organización complicada y artificial, la inestabilidad psicológica de las clases trabajadora y capitalista, y la inestabilidad de la pretensión de Europa, unida a la totalidad de su dependencia, respecto a los suministros de alimentos del Nuevo Mundo.