Mediante la propuesta Unión de Libre Comercio podría recuperarse parte de la pérdida de organización y eficiencia económica que, de otro modo, ha de resultar de las innumerables nuevas fronteras políticas creadas ahora entre Estados nacionalistas codiciosos, celosos, inmaduros y económicamente incompletos.
Las fronteras económicas eran tolerables mientras un territorio inmenso estuviera incluido en unos pocos grandes Imperios; pero no lo serán cuando los imperios de Alemania, Austria-Hungría, Rusia y Turquía hayan sido particionados entre unas veinte autoridades independientes.
Una Unión de Libre Comercio, que abarque la totalidad de Europa Central, Oriental y Suroriental, Siberia, Turquía y (espero que también) el Reino Unido, Egipto y la India, podría hacer tanto por la paz y la prosperidad del mundo como la propia Sociedad de Naciones.
- Cabría esperar que Bélgica, Holanda, Escandinavia y Suiza se adhirieran a ella próximamente.
- Y sería muy de desear por parte de sus amigos que Francia e Italia también vieran el modo de adherirse.
Se objetará, supongo, por parte de algunos críticos, que tal arreglo podría contribuir en cierta medida, en la práctica, a hacer realidad el antiguo sueño alemán de Mittel-Europa.
Si otros países fuesen tan necios como para mantenerse al margen de la Unión y dejar a Alemania todas sus ventajas, podría haber algo de verdad en esto. Pero un sistema económico al que todos tuvieran la oportunidad de pertenecer y que no concediera privilegios especiales a nadie está ciertamente libre por completo de las objeciones propias de un plan excluyente y discriminatorio, de carácter privilegiado y abiertamente imperialista.
Nuestra actitud ante estas críticas debe estar determinada por toda nuestra reacción moral y emocional ante el futuro de las relaciones