La cesión es exhaustiva, e incluye no solo a los buques que enarbolan la bandera alemana, sino también a todos los buques de propiedad alemana pero que enarbolan otras banderas, y a todos los buques en construcción, así como a los que ya están a flote.10 Asimismo, Alemania se compromete, si así se le requiere, a construir para los Aliados los tipos de barcos que estos especifiquen hasta un total de 200.000 toneladas11 anuales durante cinco años, abonándose el valor de estos barcos a cuenta de lo que Alemania debe por concepto de Reparaciones.12
De este modo, la marina mercante alemana es barrida de los mares y no podrá ser restaurada en muchos años a una escala adecuada para satisfacer las necesidades de su propio comercio.
Por el momento, no operará ninguna línea desde Hamburgo, salvo aquellas que las naciones extranjeras consideren rentable establecer a partir de su tonelaje excedente. Alemania tendrá que pagar a los extranjeros por el transporte de su comercio las tarifas que estos puedan exigir, y solo recibirá las comodidades que les convenga brindarle.
La prosperidad de los puertos y el comercio alemanes solo podrá revivir, al parecer, en la medida en que logre colocar bajo su influencia efectiva a las marinas mercantes de Escandinavia y de Holanda.
(2) Alemania ha cedido a los Aliados «todos sus derechos y títulos sobre sus posesiones de ultramar».13 Esta cesión no solo se aplica a la soberanía, sino que se extiende en condiciones desfavorables a la propiedad del Gobierno, toda la cual, incluidos los ferrocarriles, debe ser entregada sin compensación alguna, mientras que, por otra parte, el Gobierno alemán sigue siendo responsable de cualquier deuda que se haya contraído para la compra o construcción de esta propiedad, o para el desarrollo de las colonias en general.14