alimentados. Pero esto puede no ser igualmente cierto en el caso de la cebada, el café, los huevos y el tabaco. Si fuera posible imponer un régimen en el que, en el futuro, ningún alemán bebiera cerveza o café, ni fumara tabaco alguno, se podría lograr un ahorro sustancial. Aparte de esto, parece haber poco margen para cualquier reducción significativa.
También es pertinente el siguiente análisis de las exportaciones e importaciones alemanas, según su destino y origen. De este se desprende que de las exportaciones de Alemania en 1913, el 18 por ciento tuvieron como destino el Imperio británico, el 17 por ciento Francia, Italia y Bélgica, el 10 por ciento