que proponen; pero no puedo hacer nada que no sea justo y correcto, y ante todo deben demostrarme que lo que desean se ajusta realmente a los términos de las declaraciones que me atan. Comenzó entonces a tejerse esa red de sofistería y exégesis jesurítica que terminaría por revestir de insinceridad el lenguaje y la sustancia de todo el Tratado. Se dio la orden a las brujas de todo
Lo bueno es malo, y lo malo es bueno,
atraviesen la niebla y el aire inmundo.
Los sofistas más sutiles y los redactores más hipócritas fueron puestos a trabajar, y produjeron muchos ejercicios ingeniosos que habrían podido engañar durante más de una hora a un hombre más inteligente que el presidente.
Así, en lugar de decir que a la Austria alemana se le prohíbe unirse con Alemania excepto con el permiso de Francia (lo que sería incoherente con el principio de autodeterminación), el Tratado, con una redacción sutil,