refutadas— en que algunas de ellas habrán de persistir durante algún tiempo. En parte son las mismas que en otras partes; el turno diario se ha reducido de 8 horas y media a 7, y es improbable que los poderes del Gobierno Central sean suficientes para restablecerlo a su cifra anterior. Pero, además, la maquinaria minera se encuentra en mal estado (debido a la falta de ciertos materiales esenciales durante el bloqueo), la eficiencia física de los hombres está muy mermada por la desnutrición (la cual no podrá remediarse si se ha de satisfacer la décima parte de las demandas de reparación; el nivel de vida tendrá más bien que reducirse) y las bajas de la guerra han disminuido el número de mineros eficientes. La analogía de las condiciones inglesas basta por sí sola para indicarnos que no puede esperarse en Alemania un nivel de producción anterior a la guerra.
Las autoridades alemanas estiman la pérdida de producción en algo más del 30 por ciento, dividida casi a partes iguales entre el acortamiento de la jornada y los demás factores económicos. Esta cifra parece plausible por motivos generales, pero no tengo los conocimientos necesarios para respaldarla o criticarla.
La cifra anterior a la guerra de 118.000.000 de toneladas netas (es decir, descontando la pérdida de territorio y el consumo en las minas) es probable que descienda, por lo tanto, al menos hasta los 100.000.00045 de toneladas, habida cuenta de los factores anteriores. Si 40.000.000 de toneladas de esta cantidad han de ser exportadas a los Aliados, quedan 60.000.000 de toneladas para que la propia Alemania supla su consumo interno. Tanto la demanda como la oferta disminuirán debido a la pérdida de territorio, pero, según la estimación más exagerada, esto no podría cifrarse en