otros temperamentos hacia la inestabilidad nerviosa de la histeria y hacia una desesperación frenética. Y estos, en su angustia, pueden derribar los restos de organización y sumergir a la civilización misma en sus intentos de satisfacer desesperadamente las abrumadoras necesidades del individuo. Este es el peligro contra el cual todos nuestros recursos, valor e idealismo deben cooperar ahora.
El 13 de mayo de 1919, el conde Brockdorff-Rantzau dirigió a la Conferencia de Paz de las Potencias Aliadas y Asociadas el Informe de la Comisión Económica Alemana encargada de estudiar el efecto de las condiciones de Paz sobre la situación de la población alemana.
"En el transcurso de las últimas dos generaciones", informaron, "Alemania se ha transformado de un Estado agrícola en un Estado industrial. Mientras fue un Estado agrícola, Alemania pudo alimentar a cuarenta millones de habitantes. Como Estado industrial pudo asegurar los medios de subsistencia para una población de sesenta y siete millones; y en 1913 la importación de productos alimenticios ascendió, en números redondos, a doce millones de toneladas. Antes de la guerra, un total de quince millones de personas en Alemania aseguraban su existencia mediante el comercio exterior, la navegación y el uso, directa o indirectamente, de materias primas extranjeras".
Tras exponer las principales disposiciones pertinentes del Tratado de Paz, el informe prosigue: > "Después de esta merma de sus productos, después de la depresión económica resultante de la pérdida de sus colonias, de su flota mercante y de sus inversiones extranjeras, Alemania no estará en condiciones