Polonia es una imposibilidad económica sin otra industria que el hostigamiento a los judíos. Y cuando Polonia descubra que la política seductora de Francia es pura baladronada y que no hay en ella dinero alguno, ni gloria tampoco, caerá, tan pronto como sea posible, en los brazos de cualquier otro.
Los cálculos de la «diplomacia» no nos conducen, por lo tanto, a ninguna parte. Los sueños disparatados y la intriga infantil en Rusia, Polonia y alrededores son actualmente la debilidad favorita de aquellos ingleses y franceses que buscan emociones en su forma menos inocente, y creen, o al menos actúan como si la política exterior fuera del mismo género que un melodrama barato.
Pasemos, por lo tanto, a algo más sólido.
El Gobierno alemán ha anunciado (el 30 de octubre de 1919) su continua adhesión a una política de no intervención en los asuntos internos de Rusia, "no solo por principio, sino porque cree que esta política también se justifica desde un punto de vista práctico".
Supongamos que al fin nosotros también adoptamos el mismo punto de vista, si no por principio, al menos desde un punto de vista práctico. ¿Cuáles son entonces los factores económicos fundamentales en las futuras relaciones entre Europa Central y Europa Oriental?
Antes de la guerra, Europa occidental y central obtenía de Rusia una parte sustancial de sus cereales importados. Sin Rusia, los países importadores habrían tenido que pasar escasez. Desde 1914, la pérdida de los suministros rusos se ha compensado, en parte recurriendo a las reservas, en parte gracias a las abundantes cosechas de Norteamérica estimuladas por el precio garantizado del Sr. Hoover, pero en gran medida mediante economías en el consumo y la privación.