En resumen, no sólo la soberanía alemana y la influencia alemana quedan extirpadas de la totalidad de sus antiguas posesiones de ultramar, sino que las personas y los bienes de sus nacionales residentes o propietarios de bienes en dichas regiones se ven privados de estatus legal y de seguridad jurídica.
(3) Las disposiciones que acaban de esbozarse con respecto a la propiedad privada de los alemanes en las excolonias alemanas se aplican igualmente a la propiedad privada alemana en Alsacia-Lorena, salvo en la medida en que el Gobierno francés decida conceder excepciones.18
Esto tiene una importancia práctica mucho mayor que la expropiación similar de ultramar debido al valor mucho más elevado de la propiedad en cuestión y a la más estrecha interconexión, resultante del gran desarrollo de la riqueza mineral de estas provincias desde 1871, de los intereses económicos alemanes allí con los de la propia Alemania. Alsacia-Lorena ha formado parte del Imperio Alemán durante casi cincuenta años —una mayoría considerable de su población es de habla alemana— y ha sido el escenario de algunas de las empresas económicas más importantes de Alemania.
Sin embargo, la propiedad de aquellos alemanes que residen allí, o que han invertido en sus industrias, se encuentra ahora enteramente a disposición del Gobierno francés sin compensación, salvo en la medida en que el propio Gobierno alemán elija proporcionarla.
El Gobierno francés tiene derecho a expropiar sin compensación los bienes personales de ciudadanos privados alemanes y de empresas alemanas residentes o situadas en Alsacia-Lorena, acreditándose el producto en satisfacción parcial de diversas reclamaciones francesas.
La severidad de esta disposición solo se mitiga en la medida en que el Gobierno francés permita expresamente a los nacionales alemanes continuar residiendo, en cuyo caso la disposición anterior no es aplicable.