La guerra había sacudido tanto este sistema que ponía en peligro la vida misma de Europa.
Una gran parte del continente estaba enferma y moribunda; su población superaba con creces el número para el cual había medios de subsistencia disponibles; su organización estaba destruida, su sistema de transporte roto y sus suministros de alimentos gravemente deteriorados.
Era tarea de la Conferencia de Paz honrar los compromisos y satisfacer la justicia; pero no menos reestablecer la vida y sanar las heridas.
Estas tareas estaban dictadas tanto por la prudencia como por la magnanimidad que la sabiduría de la antigüedad aprobaba en los vencedores. Examinaremos en los siguientes capítulos el carácter real de la Paz.