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nydus/The Economic Consequences of the PeacePublic
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Remedios

Pero estos problemas seculares son de los que ninguna época se libra. Son de un orden completamente diferente de aquellos que pueden afligir a los pueblos de Europa Central.

Aquellos lectores que, principalmente conscientes de las condiciones británicas con las que están familiarizados, son propensos a dar rienda suelta a su optimismo, y aún más aquellos cuyo entorno inmediato es el estadounidense, deben trasladar su pensamiento a Rusia, Turquía, Hungría o Austria, donde los más espantosos males materiales que los hombres pueden sufrir —hambre, frío, enfermedad, guerra, asesinato y anarquía— son una experiencia actual y presente, si han de comprender la naturaleza de las desgracias contra cuya mayor extensión debe ser ciertamente nuestro deber buscar el remedio, si es que lo hay.

¿Qué es, pues, lo que hay que hacer? Las sugerencias tentativas de este capítulo pueden parecerle inadecuadas al lector. Pero la oportunidad se perdió en París durante los seis meses que siguieron al Armisticio, y nada de lo que podamos hacer ahora puede reparar el daño causado en aquel entonces.

Grandes privaciones y grandes riesgos para la sociedad se han vuelto inevitables. Todo lo que ahora nos está abierto es redirigir, en la medida de nuestras posibilidades, las tendencias económicas fundamentales que subyacen a los acontecimientos del momento, para que promuevan el restablecimiento de la prosperidad y el orden, en lugar de arrastramos más hondo hacia la desgracia.

Debemos escapar primero de la atmósfera y de los métodos de París. Quienes controlaron la Conferencia pueden inclinarse ante las ráfagas de la opinión popular, pero nunca nos sacarán de nuestros problemas. Apenas cabe suponer que el Consejo de los Cuatro pueda desandar sus caminos, aun si desearan hacerlo. La sustitución de los Gobiernos actuales de Europa es, por consiguiente, un preliminar casi indispensable.

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