perspectiva alguna de mejora. Puede haber, por tanto, ante nosotros un largo y silencioso proceso de semihambre y de un gradual y constante descenso de los niveles de vida y bienestar. La bancarrota y la decadencia de Europa, si permitimos que sigan su curso, afectarán a todo el mundo a la larga, pero tal vez no de una manera llamativa o inmediata.
Esto tiene un aspecto afortunado. Todavía podemos estar a tiempo de reconsiderar nuestros rumbos y de contemplar el mundo con ojos nuevos.
Por el futuro inmediato, los acontecimientos están tomando el control, y el destino cercano de Europa ya no está en manos de ningún hombre. Los acontecimientos del próximo año no se verán moldeados por los actos deliberados de los estadistas, sino por las corrientes ocultas, que fluyen continuamente bajo la superficie de la historia política, cuyo desenlace nadie puede predecir.
De una sola manera podemos influir en estas corrientes ocultas: poniendo en marcha aquellas fuerzas de instrucción e imaginación que cambian la opinión. La afirmación de la verdad, el velo arrancado a la ilusión, la disipación del odio, la ampliación y la instrucción de los corazones y las mentes de los hombres deben ser los medios.