Pero estos pensamientos nos alejan demasiado de mi propósito actual. Solo pretendo señalar que el principio de acumulación basado en la desigualdad era una parte vital del orden de la sociedad anterior a la guerra y del progreso tal como entonces lo entendíamos, y destacar que este principio dependía de condiciones psicológicas inestables, que quizá sea imposible recrear.
No era natural que una población, de la que tan pocos disfrutaban de las comodidades de la vida, acumulara de manera tan ingente. La guerra ha revelado la posibilidad del consumo a todos y la vanidad de la abstinencia a muchos.
Así, el engaño queda al descubierto; las clases trabajadoras tal vez ya no estén dispuestas a renunciar tanto, y las clases capitalistas, que ya no confían en el futuro, quizás busquen disfrutar más plenamente de sus libertades de consumo mientras estas duren, precipitando así la hora de su confiscación.
# IV. La relación del Viejo Mundo con el Nuevo
Los hábitos de acumulación de la Europa anterior a la guerra constituían la condición necesaria del mayor de los factores externos que mantenían el equilibrio europeo.
De los bienes de capital excedentes acumulados por Europa, una parte sustancial fue exportada al extranjero, donde su inversión hizo posible