alemana era como una peonza que, para mantener su equilibrio, debía girar cada vez más deprisa.
En el Imperio austrohúngaro, que creció de unos 40.000.000 en 1890 a al menos 50.000.000 al estallido de la guerra, se presentaba la misma tendencia en menor grado: el exceso anual de nacimientos sobre defunciones era de aproximadamente medio millón, del cual, sin embargo, se producía una emigración anual de una cuarta parte de millón de personas.
Para comprender la situación actual, debemos captar con viveza en qué extraordinario centro de población el desarrollo del sistema germánico había convertido a Europa Central.
Antes de la guerra, la población de Alemania y Austria-Hungría juntas no solo superaba sustancialmente a la de los Estados Unidos, sino que era aproximadamente igual a la de toda América del Norte. En estos números, situados dentro de un territorio compacto, residía la fuerza militar de las Potencias Centrales.
Pero estos mismos números —pues ni siquiera la guerra los ha disminuido apreciablemente2—, si se ven privados de los medios de subsistencia, siguen constituyendo un peligro no menor para el orden europeo.