Por un lado, Europa debe depender a la larga de su propio trabajo diario y no de la generosidad de América; pero, por otro lado, no se apretará el cinturón para que el fruto de su trabajo diario vaya a parar a otra parte.
En suma, no creo que ninguno de estos tributos siga pagándose, en el mejor de los casos, durante más de unos pocos años. No encajan con la naturaleza humana ni concuerdan con el espíritu de la época.
Si hay alguna validez en este modo de pensar, la conveniencia y la generosidad coinciden, y la política que mejor promueva la amistad inmediata entre las naciones no entrará en conflicto con los intereses permanentes del bienhechor.168
3. Un préstamo internacional
Paso a una segunda propuesta financiera. Las exigencias de Europa son inmediatas. La perspectiva de verse libre de los opresivos pagos de intereses a Inglaterra y a América durante toda la vida de las próximas dos generaciones (y de recibir de Alemania cierta asistencia año con año para los costos de restauración) liberaría al futuro de una ansiedad excesiva. Pero no remediaría los males del presente inmediato: el exceso de las importaciones europeas sobre sus exportaciones, el tipo de cambio desfavorable y el desorden de la moneda. Será muy difícil que la producción europea vuelva a ponerse en marcha sin una medida temporal de asistencia externa. Por lo tanto, soy partidario de un empréstito internacional de una u otra forma, tal como se ha abogado en muchos