Antes de la guerra, Alemania gastaba entre 250.000.000 y 500.000.000 de dólares en armamentos, de los cuales ahora puede prescindir. ¿Por qué, por lo tanto, no habría de pagar a los Aliados una suma anual de 2.500.000.000 de dólares? Esto presenta el argumento burdo en su forma más fuerte y plausible.
Pero hay en él dos errores. En primer lugar, los ahorros anuales de Alemania, después de lo que ha sufrido en la guerra y por la Paz, quedarán muy por debajo de lo que eran antes y, si se le sustraen año tras año en el futuro, no podrán alcanzar de nuevo su nivel anterior. La pérdida de Alsacia-Lorena, Polonia y la Alta Silesia no podría evaluarse en términos de productividad excedente en menos de 250.000.000 de dólares anuales.
Se supone que Alemania se ha beneficiado en unos 500.000.000 de dólares anuales de sus barcos, sus inversiones extranjeras y su banca y conexiones en el extranjero, todo lo cual le ha sido arrebatado ahora.
Su ahorro en armamentos queda ampliamente compensado por su carga anual de pensiones, estimada actualmente en 1.250.000.000 de dólares,130 lo que representa una pérdida real de capacidad productiva.
Y aun si dejamos de lado la carga de la deuda interna, que asciende a 24.000 millones de marcos, por tratarse de una cuestión de distribución interna más que de productividad, debemos tener en cuenta aún la deuda externa contraída por Alemania durante la guerra, el agotamiento de sus reservas de materias primas, la merma de su ganado, la disminución de la productividad de su suelo por falta de abonos y de mano de obra, y la reducción de su riqueza debido a la falta de mantenimiento de numerosas reparaciones y renovaciones durante un período de casi cinco años.
Alemania no es tan rica como antes de la guerra, y la merma en sus ahorros futuros por estas razones, al margen de los factores tenidos en