por ser tan bueno como cualquier otro a efectos de un balance nacional aproximado), la operación no le acarrearía ni pérdidas ni ganancias. Pero de cualquier manera que se calcule el resultado neto sobre el papel, el alivio en la incertidumbre que con llevaría tal liquidación de la situación sería muy grande. Es de los Estados Unidos, por tanto, de donde la propuesta demanda generosidad.
Hablando con un conocimiento muy íntimo de las relaciones mantenidas durante toda la guerra entre los Tesoros británico, estadounidense y los de los demás Aliados, creo que este es un acto de generosidad que Europa puede pedir justamente, siempre que Europa esté haciendo un esfuerzo honorable en otras direcciones, no para continuar la guerra, económica o de otro tipo, sino para lograr la reconstitución económica de todo el Continente,
Los sacrificios financieros de los Estados Unidos han sido, en proporción a su riqueza, inmensamente menores que los de los Estados europeos. Difícilmente podría haber sido de otro modo. Fue una disputa europea, en la cual el Gobierno de los Estados Unidos no habría podido justificar ante sus ciudadanos el gasto de toda la fuerza nacional, como lo hicieron los europeos.
Después de que los Estados Unidos entraron en la guerra, su ayuda financiera fue generosa y desmedida, y sin esta ayuda los Aliados nunca habrían ganado la guerra,165 aparte de la influencia decisiva de la llegada de las tropas estadounidenses.
Europa tampoco debería olvidar nunca la extraordinaria asistencia que se le prestó durante los primeros seis meses de 1919 por mediación del Sr. Hoover y la Comisión de Socorro Americana. Jamás se llevó a cabo una obra más noble de desinteresada buena voluntad con mayor tenacidad, sinceridad y habilidad, y con menos agradecimientos pedidos u otorgados.