Desde el punto de vista militar, una unión definitiva de fuerzas entre Rusia y Alemania es muy temida en ciertos ámbitos. Esto sería mucho más probable en el caso de que los movimientos reaccionarios triunfaran en cada uno de los dos países, mientras que una unidad de propósito efectiva entre Lenin y el actual gobierno alemán, de carácter esencialmente burgués, es inconceptible.
Por otra parte, esas mismas personas que temen semejante unión temen aún más el triunfo del bolchevismo; y, sin embargo, tienen que reconocer que las únicas fuerzas eficaces para combatirlo son, dentro de Rusia, los reaccionarios, y, fuera de Rusia, las fuerzas establecidas de orden y autoridad en Alemania.
Así, los partidarios de la intervención en Rusia, ya sea directa o indirecta, se encuentran en un perpetuo conflicto de contradicciones consigo mismos. No saben lo que quieren; o, más bien, quieren lo que no pueden dejar de ver como incompatibles. Esta es una de las razones por las cuales su política es tan inconstante y tan sumamente inútil.
El mismo conflicto de propósitos se manifiesta en la actitud del Consejo de los Aliados en París hacia el actual Gobierno de Alemania.