visión de la vida de aquellos, que las palabras de su padre no habían logrado evocar, brotó ante él a partir de la palabra tallada en el pupitre. * Un estudiante de hombros anchos y bigote grababa las letras con una navaja, seriamente. * Otros estudiantes, de pie o sentados cerca de él, se reían de su obra. * Alguien le dio un codazo. * El estudiante grandote se volvió hacia él con el ceño fruncido. Vestía ropas holgadas de color gris y llevaba botas
Llamaron a Stephen. Bajó apresuradamente los escalones del teatro para alejarse lo más posible de la visión y, mirando de cerca las iniciales de su padre, ocultó su rostro sonrojado.
Pero la palabra y la visión danzaban ante sus ojos mientras cruzaba de nuevo el cuadrilátero hacia la puerta del colegio.
Le sorprendió hallar en el mundo exterior un rastro de lo que hasta entonces había considerado una dolencia brutal y personal de su propia mente.
Sus ensoñaciones monstruosas acudieron en tropel a su memoria. También ellas habían surgido ante él, súbita y furiosamente, a partir de meras palabras.
Pronto se había rendido a ellas y había permitido que barrieran y abatisen su intelecto, preguntándose siempre de dónde venían, de qué guarida de imágenes monstruosas, y mostrándose siempre débil y humilde ante los demás, inquieto y harto de sí mismo cuando lo habían arrasado.
—¡Ay, bedad! ¡Y ahí están los Groceries sin duda alguna! —exclamó el señor Dedalus—. Muchas veces me habrás oído hablar de los Groceries, ¿verdad, Stephen? Infinitas veces fuimos por allí cuando teníamos el