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nydus/A Portrait of the Artist as a Young ManPublic
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V.

Dio una sonora carcajada tosida, sonrió ampliamente y tiró dos veces de la perilla color paja que pendía de su barbilla roma.

―El siguiente asunto es firmar el testimonio.

―¿Me pagará algo si firmo? ―preguntó Stephen.

―Creí que eras un idealista —dijo MacCann.

El estudiante de aspecto bohemio miró a su alrededor y se dirigió a los mirones con una voz balbucante e indistinta.

—Por el infierno, esa es una ocurrencia extraña. Considero que esa ocurrencia es una ocurrencia mercenaria.

Su voz se desvaneció en el silencio. Nadie prestó atención a sus palabras. Volvió su rostro aceitunado, de expresión equina, hacia Stephen, invitándolo a hablar de nuevo.

MacCann empezó a hablar con fluida energía del rescripto del Zar, de Stead, del desarme general, del arbitraje en casos de disputas internacionales, de los signos de los tiempos, de la nueva humanidad y del nuevo evangelio de la vida que haría que fuera asunto de la comunidad asegurar tan barato como fuera posible la mayor felicidad posible del mayor número posible.

El estudiante gitano respondió al final del periodo exclamando:

―¡Tres hurras por la hermandad universal!

―Sigue, Temple —le dijo un estudiante fornido y rubicundo que estaba cerca de él—. Luego te invito a una pinta.

—Creo en la hermandad universal —dijo Temple, mirando a su alrededor con sus oscuros ojos ovalados—. Marx no es más que una puta milonga.

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