Llama a los justos a su lado, ordenándoles que entren en el reino, en la eternidad de dicha preparada para ellos. A los injustos los arroja de su presencia, clamando en su ofendida majestad: > Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus
¡Oh, qué agonía entonces para los miserables pecadores!
- El amigo es arrancado del amigo,
- los hijos son arrancados de sus padres,
- los esposos de sus esposas.
El pobre pecador extiende sus brazos hacia aquellos que le eran queridos en este mundo terrenal, hacia aquellos de cuya sencilla piedad tal vez se burló, hacia aquellos que le aconsejaron y trataron de guiarle por el buen camino, hacia un hermano bondadoso, hacia una hermana amorosa, hacia la madre y el padre que lo amaron con tanta ternura.
Pero ya es tarde: los justos se apartan de las desdichadas almas condenadas que ahora se aparecen ante los ojos de todos con su carácter hediondo y perverso.
Oh, hipócritas, oh, sepulcros blanqueados, oh, vosotros que presentáis un rostro amable y sonriente al mundo mientras vuestra alma en su interior es un fétido pantano de pecado, ¿cómo os irá en aquel terrible día?
Y este día llegará, ha de llegar, tiene que llegar; el día de la muerte y el día del juicio. Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio. La muerte es cierta. El tiempo y la modalidad son inciertos, ya sea por una larga enfermedad o por algún accidente imprevisto: el Hijo del Dios