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nydus/A Portrait of the Artist as a Young ManPublic
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V.

que la imagen hubo desaparecido y solo vio su vestido harapiento, su cabello húmedo y áspero, y su rostro de muchacha salvaje.

―¡Haga el favor, caballero! ¡No se olvide de su muchacha, señor!

—No tengo dinero —dijo Stephen.

―¿Me compra esas bonitas, por favor, señor? Solo un centavo.

—¿Oíste lo que dije? —preguntó Stephen, inclinándose hacia ella—. Te dije que no tenía dinero. Te lo vuelvo a decir ahora.

―Pues claro que sí, algún día, señor, si Dios quiere —contestó la muchacha al cabo de un instante.

―Posiblemente, dijo Stephen, pero no creo que sea probable.

La dejó rápidamente, temiendo que su cercanía pudiera volverse burlona y deseando estar fuera de su alcance antes de que ella ofreciera su mercancía a otro, a un turista de Inglaterra o a un estudiante del Trinity.

Grafton Street, por la que caminaba, prolongaba aquel momento de desanimada pobreza. En la calzada, al principio de la calle, había una losa colocada en memoria de Wolfe Tone y recordó haber estado presente con su padre en su colocación. Recordaba con amargura aquella escena de baratijas y homenajes.

Había cuatro delegados franceses en un carruaje descubierto y uno de ellos, un joven regordete y sonriente, sostenía, sujeto en un bastón, un cartel en el que estaban impresas las palabras: Vive l’Irlande!

Pero los árboles de Stephen’s Green exhalaban fragancia a lluvia y la tierra empapada por el agua exhalaba su olor mortal, un incienso tenue que ascendía entre el mantillo procedente de muchos corazones.

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