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nydus/A Portrait of the Artist as a Young ManPublic
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I.

―¡Mucho sabes tú de eso, Trueno! ―dijo Wells―. Yo sé por qué se largaron.

—Dinos por qué.

—Me dijeron que no lo hiciera —dijo Wells.

—Vamos, sigue, Wells, —dijeron todos—. Podrías contárnoslo. No se lo diremos a nadie.

Stephen inclinó la cabeza para oír. Wells miró a su alrededor para ver si venía alguien. Luego dijo en secreto:

—¿Sabes el vino de consagrar que guardan en el armario de la sacristía?

―Sí.

—Pues se bebieron aquello y se supo quién lo había hecho por el olor. Y por eso se escaparon, si quieres saberlo.

Y el individuo que había hablado primero dijo:

―Sí, eso mismo escuché yo también del tipo de la hilera de arriba.

Los muchachos guardaban silencio. Stephen estaba entre ellos, con miedo de hablar, escuchando. Una leve náusea de reverencia lo hacía sentirse débil. ¿Cómo habían podido hacer aquello? Pensaba en la oscura y silenciosa sacristía. Allí había oscuros armarios de madera donde las sobrepellices almidonadas yacían dobladas en silencio. No era la capilla, pero aun así había que hablar en voz baja. Era un lugar sagrado. Recordaba la tarde de verano en que había estado allí para ser vestido de naviculario, la tarde de la procesión hacia el pequeño altar en el bosque.

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