Codal
nydus/A Portrait of the Artist as a Young ManPublic
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V.

—Esa palabra es una palabra de lo más interesante. Es el único número dual en inglés. ¿Lo sabía?

―¿Lo es? —dijo Stephen vagamente.

Miraba el rostro de facciones firmes y sufrientes de Cranly, iluminado ahora por una sonrisa de falsa paciencia. El nombre grosero había pasado sobre él como agua sucia vertida sobre una vieja imagen de piedra, paciente ante los agravios; y, mientras lo miraba, lo vio levantar el sombrero en señal de saludo y descubrir el cabello negro que se erguía tieso sobre su frente como una corona de hierro.

Ella pasó desde el porche de la biblioteca e inclinó la cabeza por encima de Stephen en respuesta al saludo de Cranly.

¿Él también? ¿No había un ligero rubor en la mejilla de Cranly? ¿O había surgido ante las palabras de Temple? La luz había menguado. No podía ver.

¿Explicaba aquello el silencio apático de su amigo, sus comentarios ásperos, las súbitas intrusiones de lenguaje grosero con las que tan a menudo había destrozado las ardientes y caprichosas confesiones de Stephen?

Stephen había perdonado generosamente porque había hallado también en sí mismo esa grosería. Y recordaba una tarde en que se había apeado de una bicicleta prestada y chirriante para rezar a Dios en un bosque cerca de Malahide. Había levantado los brazos y hablado en éxtasis a la sombría nave de los árboles, sabiendo que se hallaba en suelo sagrado y en hora sagrada. Y cuando dos guardias habían aparecido al doblar una curva del camino tenebroso, había interrumpido su oración para silbar con fuerza una melodía de la última pantomima.

Comenzó a golpear el extremo deshilachado de su bastón de fresno contra la base de una columna. ¿No le habría oído Cranly? Aun así,

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