movimientos de mandíbula.
—¿Buena? Sí. Es una buena tarde.
El estudiante rechoncho lo miró con seriedad y agitó su paraguas con suavidad y reproche.
―Ya veo —dijo—, que está a punto de hacer observaciones obvias.
—Mm, contestó Cranly, tendiendo lo que quedaba del higo medio masticado y sacudiéndolo hacia la boca del estudiante regordete en señal de que debía comérselo.
El estudiante rechoncho no se lo comió sino que, dándose a su particular humor, dijo gravemente, todavía riéndose entre dientes y punteando su frase con el paraguas:
―¿Pretendes que…
Se detuvo en seco, señaló sin rodeos la pulpa mordisqueada del higo y dijo en voz alta:
—A eso aludo.
―Um, Cranly dijo como antes.
―¿Pretendes eso ahora —dijo el estudiante rechoncho— como ipso facto o, digamos, como por decirlo así?
Dixon se apartó de su grupo y dijo:
—Goggins te estaba esperando, Glynn. Ha ido al Adelphi a buscarte a ti y a Moynihan. ¿Qué llevas ahí? —preguntó, dándose golpecitos en la cartera que Glynn llevaba bajo el brazo.