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nydus/A Portrait of the Artist as a Young ManPublic
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III

frágil, y vertió el veneno de su elocuencia en su oído, prometiéndole —¡oh, la blasfemia de esa promesa!— que si ella y Adán comían del fruto prohibido se convertirían en dioses, ¡qué digo!, en Dios mismo. Eva cedió a las artimañas del architemtador. Comió la manzana y se la dio también a Adán, quien no tuvo el valor moral para resistirse a ella. La lengua venenosa de Satanás había hecho su obra. Cayeron.

—Y entonces se oyó la voz de Dios en aquel jardín, pidiendo cuentas a Su criatura, el hombre; y Miguel, príncipe de las huestes celestiales, con una espada de llama en la mano, se apareció ante la pareja culpable y los expulsó del Edén hacia el mundo, el mundo de la enfermedad y la lucha, de la crueldad y la desilusión, del trabajo y la penuria, a ganarse el pan con el sudor de su frente.

¡Pero cuán misericordioso fue Dios aun entonces! Se compadeció de nuestros pobres y degradados padres y prometió que, a su debido tiempo, enviaría desde el cielo a Aquel que los redimiría, haciéndolos una vez más hijos de Dios y herederos del reino de los cielos; y ese Uno, ese Redentor del hombre caído, había de ser el Hijo unigénito de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Verbo Eterno.

―Él vino. Nació de una virgen pura, María, la madre virgen. Nació en un pobre establo en Judea y vivió como un humilde carpintero durante treinta años hasta que llegó la hora de Su misión. Y entonces, lleno de amor por los hombres, salió y llamó a los hombres a escuchar el nuevo evangelio.

—¿Escucharon? Sí, escucharon pero no quisieron oír. Fue apresado y atado como un criminal común, objeto de burla por necio, apartado para dar lugar a un ladrón público, azotado con cinco mil latigazos, coronado con una corona de espinas, empujado por las calles por la chusma judía y la soldadesca romana, despojado de sus vestiduras y colgado en una horca y su costado fue traspasado con una lanza y del cuerpo herido de nuestro Señor manaron continuamente agua y sangre.

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