Mr. Casey, liberando sus brazos de los soportes, inclinó de repente la cabeza sobre las manos con un sollozo de dolor.
—¡Pobre Parnell! —exclamó en voz alta—. ¡Mi rey muerto!
Sollozó fuerte y amargamente.
Stephen, levantando el rostro aterrorizado, vio que los ojos de su padre estaban llenos de lágrimas.
Los tipos hablaban entre sí en pequeños grupos.
Un tipo dijo:
—Los atraparon cerca de la Colina de Lyons.
―¿Quién los atrapó?
― El señor Gleeson y el ministro. Iban en un coche.
El mismo sujeto añadió:
―Me lo dijo un tipo de la clase alta.
Fleming preguntó:
—Pero ¿por qué se fugaron, díganos?
—Sé por qué —dijo Cecil Thunder—. Porque se habían robado la guita del despacho del rector.
―¿Quién lo ha jodido?
―El hermano de Kickham. Y todos tuvieron su parte.
―Pero eso era robar. ¿Cómo pudieron haber hecho algo así?