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nydus/A Portrait of the Artist as a Young ManPublic
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II

—A propósito —dijo al fin el señor Dedalus—, el rector, o mejor dicho, el provincial, me estaba contando esa historia de ti y el padre Dolan. Eres un ladrón insolente, me dijo.

—¡Ay, no lo hizo, Simon!

—¡Él no! —dijo el señor Dedalus—. Pero me dio pelos y señales de todo el asunto. Estábamos charlando, ya sabes, y una palabra lleva a la otra. Y, a propósito, ¿quién crees que me dijo que va a conseguir ese puesto en el ayuntamiento? Pero eso te lo diré después. Bueno, como iba diciendo, estábamos charlando tan amigos y me preguntó si nuestro amigo de aquí llevaba gafas todavía, y entonces me contó toda la historia.

―¿Y estaba molesto, Simon?

—¿Molesto? ¡Él no! ¡Un muchachito muy varonil!, dijo.

El señor Dedalus imitó el tonito afectado y gangoso del provinciano.

El padre Dolan y yo, cuando se lo conté a todos en la cena, el padre Dolan y yo nos reímos muchísimo con eso.

Más te vale andarte con cuidado, padre Dolan —le dije—, o el joven Dedalus te va a mandar a la sombra por dos veces nueve.

Nos pegamos una risa famosa a cuenta de eso. ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!

El señor Dedalus se volvió hacia su esposa y apostrofó con su voz natural:

—¡Te muestra el espíritu con que llevan allí a los muchachos! ¡Ah, un jesuita para toda la vida, en materia de diplomacia!

Retomó la voz del provincial y repitió:

—Se lo conté a todos en la cena y el padre Dolan y yo y todos nosotros nos echamos unas buenas risas juntos por eso. ¡Ja!, ¡ja!, ¡ja!

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