Codal
nydus/A Portrait of the Artist as a Young ManPublic
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III

para dejarle entrar, antes de volver a ver la mesa de la cocina puesta para la cena, se habría arrodillado y confesado. Era muy

El dolor de conciencia cesó y siguió caminando rápidamente por las calles oscuras.

Había tantas losas en la acera de aquella calle y tantas calles en aquella ciudad y tantas ciudades en el mundo. Sin embargo, la eternidad no tenía fin.

Estaba en pecado mortal. Incluso una sola vez era un pecado mortal. Podía suceder en un instante. ¿Pero cómo tan rápidamente? Viendo o pensando en ver. Los ojos ven la cosa, sin haber deseado verla antes. Entonces, en un instante, ocurre. ¿Pero es que esa parte del cuerpo comprende o qué?

La serpiente, el más sutil animal del campo. Debe de comprender cuando desea en un instante y luego prolonga su propio deseo instante tras instante, pecaminosamente. Siente, comprende y desea. ¡Qué cosa tan horrible! ¿Quién hizo que fuera así, una parte bestial del cuerpo capaz de comprender bestialmente y desear bestialmente? ¿Era eso entonces él o algo inhumano movido por un alma inferior?

Su alma sintió náuseas ante la idea de una vida serpentina y torpe que se alimentaba de la tierna médula de su vida y engordaba con el cieno de la lujuria.

Oh, ¿por qué era así? Oh, ¿por qué?

Se acurrucó en la sombra de aquel pensamiento, humillándose ante el temor de Dios, que había hecho todas las cosas y a todos los hombres. Locura. ¿Quién podría pensar semejante cosa? Y, acurrucado en la oscuridad y en la abyección, rezó en silencio a su ángel de la guarda para que ahuyentara con su espada al demonio que le

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